El drama que vive actualmente la nación tiene como principal responsable al actual gobierno. Son el presidente Chávez y sus ministros quienes diseñan las diversas políticas económicas y sociales que afectan nuestra vida diaria y que hoy día han derivado en los mayores males sociales como delincuencia, inflación, pobreza, deterioro de la salud, etc. No son solo los 40 años de la llamada cuarta república, sino también los actuales 10 años de mandato del actual presidente que lejos de cambiar el rumbo de las cosas que dejaron los gobiernos anteriores, han sido la continuación y profundización de lo que la población había venido rechazando, como la corrupción, la burocracia ineficiente y la desatención para resolver los males de la sociedad.
Nos encontramos hoy, luego de haber tenido el mayor ingreso petrolero de nuestra historia (más de 900 mil millones de dólares) con un aparato productivo semi-destruido, mayor dependencia a la explotación y exportación de petróleo, aumento en la importación de alimentos, es decir, un conjunto de condiciones que nos hace más vulnerables a los mercados extranjeros tanto norteamericanos como de otros países imperialistas, lo que convierte el discurso gubernamental antiimperialista en un fraseo vacío y mentiroso.
La actual crisis energética es el reflejo fiel de la ineficiencia e ineficacia del gobierno actual, donde si bien es cierto que los efectos mundiales del recalentamiento global y del fenómeno “El Niño” afectan a nuestro país, no es menos cierto que la falta de mantenimiento de las turbinas del Guri, de las plantas termoeléctricas, etc., han profundizado esta crisis energética. Como siempre quien paga las consecuencias de la irresponsabilidad gubernamental es la población, donde los más pobres son los más afectados.
Lo más grave es que la industria petrolera y el resto de las empresas básicas del estado vienen arrastrando una verdadera incertidumbre sobre su futuro. Hasta ahora, la llamada nacionalización de las empresas básicas ha servido para el establecimiento de una nueva burguesía (llamada también Boliburguesía) y para presentar jugosos negocios a empresarios extranjeros, dejando de lado proyectos de reimpulso de nuestra economía.
La “revolución” que plantea Chávez ha dejado afuera a los trabajadores. El norte de la política del gobierno apunta al deterioro de las condiciones de trabajo de la población venezolana, a su desregulación, a la pérdida de la contratación colectiva, al desconocimiento de la organización de los trabajadores, a la corporativización de la clase trabajadora, y por si fuera poco, este gobierno ha venido desarrollando una política de persecución, chantaje, intervención, y agresión a sus dirigentes. Ante esto el camino es uno: lucha y organización.
La población se mueve en aguas de polarización, la que se profundiza en base a un discurso gubernamental populista y mentiroso, y a una propuesta opositora que no se identifica con los intereses de la sociedad venezolana, puesto que su principal interés radica en retornar a sus antiguos privilegios.
Ante este estado de cosas, es necesario levantar un proyecto que reunifique a la nación venezolana, que enrumbe a la sociedad hacia el desarrollo y el progreso, rompa con la dependencia económica del país, estimule el valor del trabajo y la solidaridad y le devuelva la confianza al pueblo para lograr la superación de sus condiciones de vida. Es urgente abrir una discusión en el seno de la sociedad, con el fin de construir un proyecto de país que sea la expresión de los anhelos del pueblo venezolano, en otras palabras, sentar las bases para la construcción de una nueva democracia.
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